martes, 15 de enero de 2013

Pasiones íntimas



Espíritus inconformes es la obra primeriza de Marvin Úbeda, que denota proceso, constancia. Estructuralmente, el poemario logra unidad, solidez en cuatro secciones que agrupan un total de 47 poemas, con prólogo del poeta chontaleño radicado en Managua, Missael Duarte Somoza.

En este poemario encontramos una infancia vinculada con la leyenda, circunda el miedo, la curiosidad. Hay indagación por la vida.

La vida en su tránsito va dejando huellas, en cada huella anida o se teje algún secreto cuyo cómplice es la noche, el silencio del tiempo que vamos convulsionando con nuestras actuaciones, que también reflejan inconsistencia, duda, un cierto temblor por lo desconocido o por aquello que nos empuja, que nos demanda atrevimiento, ya un amor, un extravío, un reto que exija raspadura en la piel, incluso, atrevimiento por la felicidad, desafiando a la incertidumbre, lo prohibido.


LAS PASIONES



 La vida en Espíritus inconformes es una estela que tras apariencias, se desvive en pasiones, muchas veces ocultas, o prohibidas, o autorreprimidas.

Pero esa lucha consigo mismo y con la sociedad, con sus convicciones y apetencias, crea un halo de realizaciones y de vacíos. Realización por lo que se logra, lo que se alcanza dentro del mecanicismo social y el dogma, pero ese algo, esa voz, acaso conciencia o yo interior, crece con cada sobresalto, con el flujo que debe expresarse con la libertad que requiere, más allá de la costumbre y la tradición, del catálogo de las buenas conductas en sociedad, en definitiva, miedos, máscaras, imposturas.

LA BELLEZA


Es una poesía del retorcimiento, es decir, que va más allá de la inconformidad; poesía que se retuerce y se quiebra en su oruga, larva que sabe su destino: la belleza que esconde su fealdad. Y siendo vida, cambia, lo va haciendo desde que se concibe bacilo, metamorfosis que implica evolución, dar el salto que va al siguiente eslabón.

Y la poesía se construye en ese movimiento, en esa vitalidad que también es fatalidad, paz y guerra, amor y odio, conjugación de todas las cosas, pero también polivalencia del ser.

La oruga no es más que el envase, el recipiente, donde pernocta ese espíritu que vive y se expresa más allá de la corporalidad, que sustancia el sentido de existir, que explora lo desconocido, lo intangible, busca el rostro del aire, el contenido del vacío. Y porque todos los vacíos están conjugados en la turbulencia y los sin sentidos, provoca, justamente, la gran inquietud, esa inconformidad, porque el suelo que nos sostiene no es suficiente, resulta tan bajo, limitado, para tanto 

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