La Misa Campesina Nicaragüense es una obra del músico y compositor Carlos Mejía Godoy. La obra recoge elementos de la música y sones tradicionales nicaragüenses. Fué estrenada en 1975 en Solentiname, Nicaragua. Durante su estreno la actividad fué interrumpida por guardias y días después su uso para la Misa fué prohibido.
Laintroducción del canto populara la Santa Misa a raíz delConcilio Vaticano IIfué una de las motivaciones de Mejía Godoy para componer la obra. Aunque invitó a varios artistas, pués su idea era hacer un trabajo de taller, al final tuvo que componerla solo. Godoy se fué a Solentiname, un archipiélago situado en el extremo sureste del "Lago de Nicaragua" en Nicaragua, reconocido por su comunidad de artistas.
Algunos eventos que influenciaron a Mejía Godoy fueron: circunstancias familiares de infancia que lo marcaron religiosa y musicalmente; sus estudios en el Colegio Salesiano; sus intensiones de volverse sacerdote;la poesia rebelde como revolucionaria y humanista de Ernesto Cardenal, la muerte del Che Guevara; la inmolación de Leonel Rugama; el nacimiento de la Nueva Trova; y la creación de un conglomerado de jóvenes que ven en la Iglesia Popular una alternativa, ante lo que sienten la traición de la Iglesia jerárquica de cara a la realidad de Nicaragua. [1]
La misa iba a ser inaugurada la Plaza de los Cabros. Fernando Cardenal celebraria la Misa. Entonces llegó la Guardia interrumpiendo la actividad. Días después el Arzobispo publicó un edicto prohibiéndola.
Por la excelente crónica testimonial de Francisco Huezo (1862-1934), es posible reconstruir los últimos días del nicaragüense universal en Managua, tras haber padecido una pulmonía doble en Nueva York e ingresado en el French Hospital, y de una prolongada --y no muy saludable-- estadía en Guatemala, adonde había ido a traerlo su esposa Rosario Murillo.
Es 19 de diciembre. Rubén ha pasado mala noche. Ansiedad, retorcijones, náuseas, hemorragia intestinal. Delicado. Tres médicos lo atienden: los hermanos Emilio y Enrique Pallais, y su viejo amigo: Jerónimo Ramírez. Al retirarse los galenos, Rosario conduce a Francisco Huezo donde el enfermo. Bajo un mosquitero lila, aparece como tras una niebla. Tiene 38 grados de temperatura. Sus labios delgados y la lengua están rojos. Sus manos no pierden belleza: son ducales, finas, aristocráticas. Tiene envuelto el estómago en franelas blancas y viste pijama celeste de seda. —He pasado mala noche, mala, pésima. El estómago ha crecido un centímetro. Me aconsejaron chalocogue. Creo que he sido víctima de las drogas. —Anoche —agrega— se quedó a velarme el joven poeta José Olivares. El sueño fue venciéndolo por minutos, hasta quedarse dormido. Entonces empezó a roncar. Como yo estaba insomne, me desespero. No hay pena mayor para un hombre que ver dormir a otro cuando no se tiene sueño. Empecé a gritarle: ¡Olivares! ¡Olivares! No duerma usted. ALa fatiga que experimentas seguramente proviene de la cantidad de agua que tienes en el estómago.
cuérdese de mí. Como no despertaba grité: ¡socorro, socorro! Y le arrojé una almohada. Con el ruido que hice, se levantó mi esposa y algún tiempo después se despertó Olivares que se había acostado vestido en esa hamaca. —Si lo ves dile que no vuelva a quedarse. Que se lo agradezco en el alma. Ya no quiero alarmar a mi familia con nuevos gritos de ¡socorro! ¿Para qué?
Soy un tronco viejo, arruinado, un hombre en cenizas Dos días después, el 21, Huezo llega a la casa donde es alojado Rubén. El alma se le llena de pesadumbre. El vate parece un león vencido, un águila a quien el dolor le quiebra las alas. Huezo se aproxima y le saluda. Rubén tiene 39 grados. Con frecuencia le atacan las náuseas. Huezo le indica la necesidad de una intervención médica más activa. Él oye sus palabras con interés. Medita largo tiempo. —Tal vez sería bueno llamar a Debayle, a León —sugiere, vacilante. —Eso depende de cómo te sientas —le contesta Huezo—. Sea que te decidas por cualquier médico, conviene que te examine de nuevo, y si fuere necesaria alguna operación, creo que deberías resolverte.
—Bueno ¡Está bien! Ya he dicho de una vez que no creo en los médicos. Le tengo horror a la disectomía, tan en boga en París, y tan combatida por la prensa, por razones de humildad y piedad. Pero que venga, que me vea y que me haga lo que dicen. Quisiera que sólo él procediera, sin que me tocara otra persona. Lo repito: no creo en los médicos. —Le tengo horror instintivo a su ciencia —prosigue Rubén en el mismo tono— y sobre todo a sus aparatos teatrales. Son pocos los sinceros e ingenuos, los modestos y sabios de verdad. En la mayoría, tropieza uno con farsantes, farsantes cuchilleros, asesinos feroces.
Guarda silencio algunos minutos y reanuda su parla trazando una visión retrospectiva de su existencia. —Las cosas que me suceden son consecuencias naturales del alcohol y sus abusos; también de los placeres sin medida. He sido un atormentado, un amargado de las horas. He conocido los alcoholes todos: desde los de la India y los de Europa, hasta los americanos y los rudos y ásperos de Nicaragua, todo dolor, todo veneno, toda muerte. Mi fantasía, a veces, hace crisis, sufre la epilepsia que produce ese veneno, del cual estoy saturado. Me siento entonces agresivo, feroz, con instinto de destruir, de matar. Así me explico los grandes asesinatos cometidos por el licor. (Se calla. Al rato, en voz baja, habla de su afán de ternura, de hogar).
—Yo he corrido mucho. Mejor dicho, me han dejado correr, y no he fundado hogar. Hoy, al cabo de veintidós años de ausencia, me reúno con mi esposa; ¿qué le traigo? Nada. Soy un tronco viejo, arruinado, un hombre en cenizas. Viví en Europa con una mujer, más de dieciséis años, una española. Tengo un hijo con ella y con el nombre Rubén Darío Sánchez, de edad de ocho años. Es de imaginación vivaracha, y me escribe, me preocupa su educación. Ella, la madre, es una mujer rústica, a quien he procurado modelar. No sabía leer —empezando por eso— y yo le enseñado lo que sabe. Es un alma campesina, laboriosa y de tesón. He sido, digamos, el domador de esa naturaleza bravía.
Un rinconcito de la tierra para vivir una santa ternura El 25 de diciembre. A las doce meridianas, sopla un alisio fuerte. Entra a la habitación de Rubén, a quien encuentra leyendo a través de sus poderosos anteojos de oro, periódicos del país, los libros que ha recibido en francés, inglés, italiano y español. Pasó una buena noche, con una poción de chalocogue. También durmió algo, a pesar de las músicas, gritos, repiques y bombas y cohetes de Nochebuena. —Felices pascuas —le dice a Huezo, dándole un abrazo. —Gracias, gracias —responde. Abatido, el poeta le habla de la necesidad de hacer su testamento. Se muestra sereno y, cosa extraña, no le asusta la muerte. —Quiero disponer de mis cosas. El gobierno de mi patria me debe como nueve mil dólares de mis honorarios como Ministro en España. No dudo que me los mandara a pagar el presidente don Adolfo Díaz. En Nueva York me dio cartas muy especiales don Pedro Rafael Cuadra, agente financiero de Nicaragua, recomendando ese pago. Quiero disponer de ese dinero, de los contratos de mis obras con los editores y de mi arreglo con La Nación de Buenos Aires, a la cual no he escrito ni una sola línea, desde hace más de un año, muy a mi pesar. En ella colaboro hace más de veinte y, según sus estatutos, tengo derecho a mi jubilación.
—A pesar de mi enfermedad —añade— no he permanecido ocioso. He meditado dos cuentos que me gustan. He querido escribirlos: creo que han salido buenos; pero primero es el testamento. Tiene la vista fija en un sitio del cuarto. Huezo sigue la dirección de su mirada. En la mesa de las drogas, sobre un libro de cubierta púrpura, alcanzó a ver un pequeño crucifijo de plata. Al lado de las almohadas se ve un libro abierto. Un pecado misterioso para el cual no hay redención —¿Qué obra lees? —Un libro de Enrique Ibsen, el viejecito portentoso. Son interesantes sus dramas. Cuando resucitemos y Juan Gabriel. Tiene frases que condensan mi doloroso destino y que quisiera ver escritos a los pies de mi lecho en el momento de morir. — ¿Cuáles son las palabras de Ibsen? —vuelve a preguntar Huezo.
—Helas aquí. Son del drama Juan Gabriel: Has matado mi vida para el amor. ¿Lo entiendes? La Sagrada Escritura habla de un pecado misterioso para el cual no hay redención. No comprendía yo qué pecado era ese que no podía ser perdonado: ahora ya lo sé. El crimen que no puede borrar el arrepentimiento, el pecado a que la gracia no alcanza… lo comete quien mata una vida para el amor.
Rubén deja de leer y continúa su reflexión: —Pero yo te digo con sinceridad, creo que he venido a Nicaragua sólo a morir. No le tengo miedo a la muerte. ¡Y no me importa que venga! En ocasiones he gozado tanto como tal vez no lo han logrado los millonarios de la tierra. He comido como príncipe, he vestido con mucho lujo, he tenido historias en el mundo de las supremas elegancias. Me he relacionado con los más altos personajes. He sentido con frecuencia el aletazo de la gloria. He derrochado dinero, que gané en abundancia. ¿Qué me queda por desear? Nada ¡Que venga la muerte! Sin embargo, si Dios todavía no lo quiere, desearía un rinconcito en la tierra para vivir al calor de una santa ternura. Me gustaría eso. Sería mi ideal. Nada de locuras, nada de vino, mujeres, buena mesa y trajes elegantes; sólo serenidad, la tranquilidad, pocos y escogidos amigos y algún champaña para obsequiarlos. Y mis libros, y mis cosas de arte, pero nada de compromisos para escribir por obligación.
Suceden cosas sorprendentes, inexplicables El 26 de diciembre Rubén manifiesta su afinidad con el ocultismo que ha tentado su curiosidad a lo largo de su vida. Ha leído desde Allan Kardec hasta Ana Besant. Feligrés de esas capillas, confiesa: —Yo he sido eso. Yo he creído. He estudiado, he visto mucho, en París, en Italia. Suceden cosas sorprendentes, inexplicables hechos; extraordinaria, como cábalas de misterio. Ahí está la Eusapia Paladino, italiana, una médium prodigiosa. Cuando trabaja, en su cámara, a media luz, se observan fenómenos maravillosos alrededor de su cabeza, como un nimbo extraño. Se ven perfiles de personas que surgen y desaparecen, caras animadas, manos que los asistentes quisieras oprimir entre las suyas. En fin, manifestaciones espectrales fuertes. Y la Eusapia es una ignorante, casi dura. Habla mal su idioma, el italiano, según he tenido oportunidad de apreciar, pues algunas veces la visité y comí en su compañía.
Yo no soy nacatamalero como ustedes 2 de enero, 1916. Huezo ha visitado el día anterior, por la noche, a Rubén y lo encuentra con el corazón abierto a la alegría. Le habla de sus santos literarios: San Alfonso X, los dos Luises, San Lope, San Calderón de la Barca, San Cervantes, San Quevedo, San Luis de Alarcón; y el prócer, el maestro precursor, San Luis de Góngora y Argote, todos en sus altares, en sus nichos gloriosos, poderosos.
Le habla también de dos notabilidades italianas: D’Anunnzio y Edmundo D’Amicis: dos altas energías, dos grandes orgullos. Es amigo de ambos. Se refiere brevemente a los poetas franceses y españoles, a los hispanoamericanos. Alude a Gómez Carrillo, forjador de arabescos, al mexicano Nervo, al venezolano [Rufino] Blanco Fombona. Para el 5 de enero ya el gobierno de Díaz ha erogado 200 córdobas (equivalentes a doscientos dólares) que le lleva un funcionario. Huezo le felicita. Él lo oye como si fuera una burla y estalla en cólera: —Para ti, para Manuel Maldonado, Santiago Argüello y Luis Debayle, para todos los que viven en la Papusia, esa suma puede ser suficiente, pero has de saber que yo no soy nacatamalero como ustedes. Yo soy Rubén Darío, y la cosa cambia de aspecto. Esa cantidad es insignificante y no la acepto. Dicen que mañana mandarán más: ¡Mañana! ¡Mañana! Es un mañana que tarda en llegar. Es el plazo de la raza.
Al día siguiente —6 de enero— los chavalos de Managua celebran muy de mañana el día de Reyes sonando pitos y cachos de buey. Rubén manda que los calle, y por un momento se silencian; más pronto reanudan su algarabía. Impaciente, se revuelve en la cama exclamando: — ¡Oh Herodes! ¡Oh Herodes!
Por la tarde llega el doctor Debayle de León para preparar el regreso a León donde sería operado. Así el 7 de enero de 1916 concluyen los días preagónicos de Rubén en Managua. Por la mañana de ese día, en un tren expreso facilitado por el gobierno, partió Darío hacia León, acompañado de Rosario y Debayle. Mejor dicho: hacía su agonía, derechito hacia la muerte. credito. J.E. ARELLANO/ LIC.RENE DAVILA /120112
Clara Isabel Alegría Vides (Estelí, Nicaragua, 1924) de origen nicaragüense, es una escritora, poeta, narradora, ensayista y traductora de la poesía de Robert Graves
y otros autores ingleses. El Festival Internacional de la Poesía de
Granada le homenajeó en el VII festival dedicándolo a su carrera como
escritora.
Nació el 12 de mayo de 1924 en la ciudad de Estelí
en Nicaragua. Su padre fue Daniel Alegría, médico nicaragüense, y su
madre, Ana María Vides, salvadoreña. Claribel se considera a sí misma
salvadoreña, ya que transcurrio su niñez en la ciudad de Santa Ana al occidente de El Salvador. A la edad de ocho años, Alegría presenció la masacre de más de treinta mil campesinos e indígenas en El Salvador.
Estudió en Santa Ana para la elementaria y secundaria. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de George Washington.1
En 1943 Alegría se mudó a EE.UU. a estudiar en la Universidad George Washington en Washington D.C.. En 1948 se graduó con el diploma de licenciatura en filosofía y letras.
Entre los años 1944 y 1947 tuvo como mentor a Juan Ramón Jiménez.
Vivió en Estados Unidos por muchos años y contrajo matrimonio con el escritor y diplomático estadunidense Darwin J. Flakoll. Juntos procearon cuatro hijos. Ambos residieron en distintos países de América y Europa. En 1985
Claribel regresó a Nicaragua para ayudar después de la Guerra Civil.
Ella cree en la no violencia ya que ella ha visto en persona la violenta
masacre de campesinos en 1932 en El Salvador. El 15 de abril de 1995 Flakoll murió en Managua, Nicaragua. .....existen los barrotesnos rodean
Estilo literario
Está enfocado en la realidad de su tiempo y en compromiso con la
situación política del momento. Su poesía se encausa en buscando la
democracia y la denuncia. También, sifue una investigación formal en lo
que se ha catalogado como un nuevo subrrealismo con lenguaje intencional
callejero, desgarrado, vehemente y hasta antiliterario.2
Las tendencias ideológicas y literarias de Claribel son el reflejo de
la corriente literaria que se impulsó en Centroamérica en los años de
1950 - 1960; conocida como la "Generación comprometida".3
Sus escritos abordan asuntos como el amor, la muerte o el anhelo y la esperanza vital
Como escritora y poeta goza de fama internacional. Su obra ha sido
traducida parcialmente a 14 idiomas y ha recibido varios premios
internacionales, como el Casa de las Américas de Cuba en el año 1978 por
su libro Sobrevivo.
1964: La novela Cenizas de Izalco, escrita en colaboración con D.J. Flakoll, fue finalista del Premio Biblioteca Breve de Seix Barral, Barcelona, España.
1978: Ganó el Premio de Poesía Casa de las Américas, Cuba, por su poemario Sobrevivo.5
1987: El Alcalde de Kansas City, Missouri, le entregó la llave de la ciudad.
1992: Recibió junto con D.J. Flakoll un diploma de reconocimiento de El Nuevo Amanecer Cultural, suplemento sabatino de El Nuevo Diario.
1994: El Alcalde de Estelí le otorgó un pergamino declarándola “Ciudadana del Siglo”.6
1996: Ganó una beca de la Fundación Civitella Ranieri de Umbría, Italia.
1997: La Unión de Artistas y Escritores de El Salvador le otrogaron una placa y un Diploma de Honor.
1998: Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Eastern Connecticut.
1999: Diploma de Honor al Mérito de la Universidad Centroamericana en Managua.
2005: Doctorado Honoris Causa de la Universidad de León.
Su obra (poesía, novela y cuento) sigue las líneas de su época, busca la denuncia social y reivindica los derechos humanos con un lenguaje a veces antiliterario. Entre sus obras hay varias novelas históricas como Somoza, expediente cerrado (1993) que habla de la vida del dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle. Este libro y otros fueron escritos en colaboración con su esposo Flakoll.
1948: Anillo de silencio (poesía), Edit. Botas, México.
1951: Suite (poesía), Edit. Brigadas Líricas, Argentina.
1953: Vigilias (poesía), Edit. Poesía de América, México.
Francisco Ruiz Udiel (Estelí, Nicaragua 1977-2010). Realizó estudios de
poesía bajo la tutela de su mentora, la poeta nicaragüense Claribel
Alegría, discípula del Nobel español Juan Ramón Jiménez. Ha publicado el
poemario “Alguien me ve llorar en un sueño” (Premio Internacional
Ernesto Cardenal de Poesía Joven 2005). También publicó “Retrato de
poeta con joven errante”, antología poética de su generación con prólogo
de Gioconda Belli. Su poesía aparece en las antologías “La poesía del
siglo XX en Nicaragua” (Editorial Visor, España 2010); Antología de
poesía nicaragüense: Los hijos del minotauro (1950-2008) (Revista
TRILCE, 2009) y en la Antología del IV Encuentro Iberoamericano de
Poesía Carlos Pellicer (Trilce, Villahermosa, 2008). Poemas suyos
aparecen además publicados en las revistas “Karavan” (Suecia, 2006);
Revista Oliverio (Argentina, 2005); Revista Maga (Panamá, 2005); Revista
“Lichtunten” (Alemania, 2009); Revista Nómada dirigida por Jorge
Boccanera (Argentina, 2008); Revista Prometeo (Medellín, Colombia, 2008)
y en la memoria poética del Encuentro “El vértigo de los aires”: Poesía
Iberoamericana (México, 2009) y las memorias del I, II, III, IV y V
Festival Internacional de Poesía de Granada (Nicaragua). Asistió como
invitado a diversos Encuentros y Festivales poéticos internacionales,
entre los que figuran: V Festival “La poesía tiene la palabra”, Casa de
América (Madrid, España, 2005); IV Festival Internacional de Poesía de
El Salvador (San Salvador, 2005); XXII Festival Internacional de Poesía
de La Habana (Cuba, 2007); Fiesta Literaria de Porto de Galinhas, Estado
de Pernambuco (Brasil, 2007); XVIII Festival Internacional de Poesía de
Medellín (Colombia, 2008); IV Encuentro Iberoamericano de Poesía Carlos
Pellicer (Villahermosa, México, 2008); Festival Internacional de Poesía
de Costa Rica (San José, Costa Rica, 2009); Encuentro Iberoamericano de
poetas en el Centro Histórico 2009: El vértigo de los Aires (México,
2009). En mayo 2010 asistirá al VII Festival Internacional de Poesía de
Granada (España) y en octubre 2010 al XII Encuentro de Poetas del Mundo
Latino (Ciudad de México).
En 2004, junto al escritor nicaragüense Ulises Juárez Polanco, fundó
Leteo Ediciones, proyecto sin fines de lucro que promueve la literatura
joven de su país. Entre las publicaciones como co-editor se encuentran:
Memoria poética: Poetas, pequeños Dioses (Managua, 2006); Sergio
Ramírez: Perdón y olvido, Antología de cuentos (1960-2009), (Managua,
2009); Claribel Alegría: Ars Poética (Managua, 2007); Missael Duarte
Somoza: Líricos instantes (Managua, 2007) y Víctor Ruiz: La vigilia
perpetua (Managua, 2008).
Vicky Toledo nació en Boaco, Nicaragua y actualmente reside en Phoenix, Arizona, US donde participa con regularidad en eventos culturales comnpartiendo su poesía. Maestra de profesión y apasionada por la poesía, Vicky dedica gran parte de su tiempo a expresar en letras su amor por el amor y por la vida. El amor por la naturaleza la inclino a estudiar biología luego, se integra a la docencia en la unan en 1978. Después de un breve esbozo de tiempo migra a EEUU sw desempeña como docente de secundaria y obtiene el nivel de máster de la enseñanza en el grand canyon university en Phoenix, Arizona. Luego de recopilaciones de su obra edita el libro "INTIMIDAD REVELADA" en la cual demuestra la maestría del manejo de trabajo de la prosa de las interioridades de su ser, así como sentimental,naturalista y humana Acerca de mí
Nací en el piso de arriba de la Ciudad de Dos Pisos, Boaco, Nicaragua durante una noche de luna llena de donde caía una lluvia torrencial en el mes de Octubre. Crecí y decidí dividir mis experiencias de vida entre Nicaragua y Estados Unidos. Hasta hoy, exactamente mitad allá y mitad aquí. Madre de tres hijos, maestra de profesión y fanática de la vida. Inicié la experiencia de escribir mis experiencias intentando escribir poesía como resultado de la urgencia de compartir mi sentir. Siendo neófita de la poesía escribo con la intensidad que me da el deseo de expresar en versos, lo sentido, lo soñado y lo vivido.