viernes, 22 de abril de 2011

RETOQUES ORTOGRAFICOS DE LA "RAE".

RETOQUES ORTOGRAFICOS DE LA "RAE".: "
La nueva edición ortográfica que la Real Academia Española publicará en diciembre de este año, trata de ser “razonada, exhaustiva pero simple y legible. Pero sobre todo, explica su coordinador Salvador Ordoñez, “coherente con los usos de los hablantes y reglas gramaticales”.

Por eso Ordoñez “se resiste incluso a usar la palabra "reforma” y aclara que se trata de innovaciones con respecto a la edición ortográfica del año 1999.

La primera innovación ortográfica que se presentó en la edición de 1999 fue la reducción del número de letras del abecedario a 27, eliminado la CH y la LL, reconocidas hoy como dígrafos.

Los dígrafos son "signos ortográficos de dos letras". Sin embargo, tanto CH como LL permanecieron en la tabla del alfabeto. La nueva edición del año 2010 los suprime "formalmente".

Nuevos Nombres de las letras Y, B, V, W y Z


Las innovaciones de la edición ortográficas del año 2010 de la Real Academia Española fija una denominación a varias letras del abecedario tales como:

La Y griega será llamada YE. La B se le llamará B alta o larga. La V se le conocerá con V baja o corta. En el caso de W nos podemos referir como Ve doble o doble Ve y finalmente la Z que la llamaremos como: ceta, ceda, zeta o zeda.

Según Ordoñez coordinador del nuevo texto “el uso mayoritario en español de la Y griega es consonántico (rayo, yegua), de ahí su nuevo nombre, mayoritario además en muchos países de América Latina. Por supuesto, la desaparición de la Y griega afecta también a la I latina, que pasa a denominarse simplemente I”

Las palabras Café y Guión ahora no se tildan.


Para el caso de la palabra “Cafe” explica que hay dos usos en la acentuación gráfica asociado a las tildes diacríticas (que modifica una letra) o bien puede ser la diéresis.

El primero, opone los determinantes demostrativos: este, esta, estos, estas (Ese libro me gusta) frente a los usos pronominales de las mismas formas (Ese no me gusta). El segundo, marcaba la voz SOLO en su uso adverbial (Llegaron solo hasta aquí) frente a su valor adjetivo (Vive solo).

En el caso de la palabra “Guion” La RAE consideraba "monosílabas a efectos ortográficos las palabras que incluían una secuencia de vocales pronunciadas como hiatos en unas áreas hispánicas y como diptongos en otras". Sin embargo, permitía "la escritura con tilde a aquellas personas que percibieran claramente la existencia de hiato". Se podía, por tanto, escribir guion-guión, hui-huí, riais-riáis, Sion-Sión, truhan-truhán, fie-fié explica Ordoñez.

La nueva Ortografía considera que estas palabras son "monosílabas a efectos ortográficos" y que, cualquiera sea su forma de pronunciarlas, se escriban siempre sin tilde: guion, hui, riais, Sion, truhan y fie. En este caso, además, la RAE no se limita a proponer y "condena" cualquier otro uso.

Y Salvador Gutiérrez Ordóñez aclara que "escribir guion con tilde será una falta de ortografía".


La conjunción O no lleva tilde, por ejemplo: 4 o 5. La conjunción se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones). Era una excepción de las reglas de acentuación del español: "era la única palabra átona que podía llevar tilde" dice Ordoñez, Sin embargo, los teclados de la máquina de escribir y luego de la computadora se han eliminado por lo que explica Ordoñez existe "el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor"

Otra innovación en la ortografía la encontramos en la palabra Catar y no Qatar. Aunque no siempre lo fue, recuerda el coordinador de la nueva ortografía, la letra K ya es plenamente española, de ahí que se elimine la Q como letra que representa por sí sola el fonema /k/. "En nuestro sistema de escritura la letra Q solo representa al fonema /k/ en la combinación QU ante E o I (queso, quiso). Por ello, la escritura con Q de algunas palabras (Iraq, Qatar, quórum) representa una incongruencia con las reglas". De ahí que pase a escribirse ahora: Irak, Catar y cuórum. ¿Y si alguien prefiere la grafía anterior: "Deberá hacerlo como si se tratase de extranjerismos crudos (quorum, en cursiva y sin tilde)". Aunque esta regla no sirve para los nombres propios, que se siguen escribiendo en redonda, del mismo modo que hay quien prefiere escribir New York a Nueva York.

Estas nuevas reglas ortográficas entrarán en vigencia el 5 de diciembre próximo, después que la REA realice el debate final y posterior aprobación por el plenario de las Academias el próximo 28 de noviembre, del texto base de la nueva edición de la ortografía de la lengua española. LIC:RENE DAVILA/19040011"

miércoles, 20 de abril de 2011

RUBEN DARIO DIPLOMATICO DE SUEÑOS TRUNCADOS.

RUBEN DARIO DIPLOMATICO DE SUEÑOS TRUNCADOS.: "
Dos monografías ofrecen datos fehacientes acerca de la experiencia diplomática de Rubén Darío: una de Julián N. Guerrero (1966), editada en Managua; la otra de Gilberto Bergman Padilla (1997), aparecida en Buenos Aires.

También Norman Caldera ha elaborado una buena síntesis del tema (La Prensa, 29-I-2007), pero aún dicha experiencia está lejos de agotarse, requiriendo —si se aprovecha nueva información documental, realmente significativa— un mayor conocimiento. Así lo hice en una charla que impartí hace diez años en la biblioteca “Salomón de la Selva”, de la UNAN-Managua, y que sintetizo a continuación.
Una vocación secundaria

Realmente, la diplomacia fue para Rubén —desde su adolescencia— muy atractiva. Mejor dicho: una especie de vocación secundaria, útil para realizar su tarea de escritor. Pero, sin duda, algo más que eso. En efecto, el 2 de octubre de 1883 —cuando apenas tenía 16 años, 8 meses y 14 días de edad— publicó en un periódico de León, La Voz de Occidente, su conceptuoso artículo “La Diplomacia”. He aquí algunas de sus afirmaciones que lo acreditan, temprana y excepcionalmente, como teórico de la materia:

“El elemento constitutivo de la ciencia de la diplomacia es el conocimiento de las diversas manifestaciones de los Gobiernos, el examen de los regímenes nacionales, y la medida exacta o aproximada de las tendencias que se advierten en la dirección de un Estado. El ojo avizor del diplomático penetra en los misterios de la política y sabe distinguir la grave actitud de un gobernante severo y justo, como las tramas que urde el engaño y la mala fe.

“Estudiando el carácter de un pueblo, no hay nada más conveniente que fijarse en las tendencias generales del poder, para así poder llenar con mayor exactitud las incumbencias de su obligación.

“El estudio de la diplomacia es de absoluta necesidad en el seno de un pueblo. Nada hay tan sagrado como la tarea de formar vínculos fuertes, sostenedores de la armonía entre las naciones. De aquí el progreso y movimiento de nuestras transacciones: el bienestar y ser de las sociedades”.

¿Cómo había aprendido el “jovenzuelo” a valorar la diplomacia? Probablemente durante la primera estadía en El Salvador, entre agosto de 1882 y octubre de 1883. Lo cierto es que, al año siguiente —como empleado de la Secretaría de la Presidencia—, acompañó a la delegación oficial del gobernante de Nicaragua, Adán Cárdenas, que se encontraría con la del mandatario salvadoreño Rafael Zaldívar en San Juan del Sur y Corinto.

En 1886, a la edad de 19 años, volvió Rubén a formar parte de la comitiva presidencial de Cárdenas en una gira que tuvo el siguiente itinerario (utilizando tres vías de locomoción: ferrocarril, vapor y diligencia o coche de caballos): Managua-Granada-San Jorge-Rivas-San Juan del Sur-Corinto-Chinandega-León-Momotombo y, de nuevo, Managua.
Su interés diplomático en Chile

Fue aquí que el diplomático e intelectual salvadoreño Juan J. Cañas (1826-1900) le recomendó viajar a Chile. Allí Cañas había residido como Encargado de Negocios de su país de 1875 a 1877. Ya en el país austral, y trasladado a Valparaíso a Santiago, su interés por la carrera diplomática se incrementó.

Sus actividades no se limitaron a la creación literaria ni al ejercicio periodístico. Como él mismo lo informa en carta a Cañas en San Salvador, fechada en Valparaíso el 25 de marzo de 1887, se preparó académicamente a lo largo de un semestre. Su objetivo inmediato era “servir en algo de positivo a mi patria”. Por eso:
…durante mis tareas en el diario [La Época, de Santiago], en ratos desahogados, y a indicación de personas respetables que me tienen cariño, he asistido, desde hace seis meses, a las clases de Derecho Público e Internacional de la Universidad dirigidas por don Jorge Huneuus.

Incluso tuvo la iniciativa de solicitar una beca al gobierno de Nicaragua para proseguir “esos estudios, comprometiéndome, por medio de un contrato, a estar a las órdenes de ese mismo Gobierno para la enseñanza o servicio que se necesiten”. Más aún: trató de que hubiese en Chile una representación diplomática en Nicaragua, en la cual él aspiraba a ser Secretario.

En otra carta a Cañas, esta vez del 16 de julio de 1887, concibió la legación con Cañas o el chileno Eduardo Poirier (1860-1924) de Ministro. Para Darío, esa hipotética Secretaría significaba el más bello pórtico de un porvenir espléndido en Santiago, de acuerdo con su misma pieza epistolar, cuya postdata decía: “El señor Poirier habla con perfección francés, inglés y alemán. Yo he adelantado mucho en el francés, que hablo sin dificultad; y el inglés lo traduzco, y sigo estudiándolo”.
Logro en el centenario del descubrimiento de América

A su retorno de Chile en febrero de 1889 —ya seguro de sí mismo, vistiendo elegantemente y macizado su carácter—, Rubén llegó a Managua con la esperanza de obtener de parte del presidente Evaristo Carazo “una Secretaría de Legación en Europa”. Para ello, había pedido recomendación a Poirier, Cónsul de Nicaragua en Valparaíso desde finales de 1886 y recién nombrado —en enero de 1889— Encargado de Negocios en Chile, pero no fue posible.

Tres años después con el sustituto de Carazo, Roberto Sacasa, se le cumpliría a Darío temporalmente su deseo al ser nombrado miembro de la delegación oficial de nuestro país, presidida por el ex Ministro de Hacienda Fulgencio Mayorga, a las fiestas del cuarto centenario del descubrimiento de América.

El decreto fue emitido en León el 25 de julio de 1892. En el mismo número de La Gaceta, en su sección editorial, se comentó dicho nombramiento en términos elogiosos: “Rubén Darío, el autor de Azul… es un poeta de vasto talento, de variadísima instrucción y cuyo nombre se recomienda por sí solo”.

No sólo el montaje de 1,201 piezas del arte prehispánico de Nicaragua —cerámica, objetos e idolillos de piedra— le correspondió a la Comisión. También participar en otros eventos. Así Darío se desempeñó como Secretario Efectivo del Congreso Literario Hispanoamericano, leyó su nada diplomático poema “A Colón” —más bien una diatriba— en el Ateneo de Madrid y escribió una “Estética de los primitivos nicaragüenses”, publicado en la lujosa revista El Centenario.
Cónsul general de Colombia en Buenos Aires

Concluida la misión en España y otra vez en Managua, el 24 de enero de 1893, el gobierno del doctor Sacasa acordó nombrarlo Cónsul de Nicaragua en la ciudad de La Plata, República Argentina; pero Rubén, prefirió el cargo que le había prometido el presidente de Colombia, poeta y escritor, Rafael Núñez, cuando lo visitó en Cartagena en el viaje de regreso: Cónsul General de Colombia en Buenos Aires.

Ese nombramiento —emitido el 17 de abril de 1893— fue decisivo para su carrera intelectual. Nada menos que le permitió realizar su mayor ilusión: conocer París. Donde estuvo un par de meses, además de instalarse en la cosmópolis de Sudamérica: Buenos Aires.

Allí permaneció cinco años acaudillando la revolución modernista, aunque el consulado —con un sueldo de 2,400 pesos— fue suprimido el 1º de noviembre de 1895, a la muerte de Núñez. Darío aprovechó al máximo su rango consular, pues el puesto no le daba ningún trabajo, “dado que no había casi colombianos en Buenos Aires y no existían ni transacciones ni cambios comerciales entre Colombia y la República Argentina”.
Cónsul de Nicaragua en París (marzo, 1903-diciembre, 1907)

En la administración de José Santos Zelaya, Darío obtuvo otro consulado, pero más estable: en París, a partir del 12 de marzo de 1903. Era ministro de Relaciones Exteriores e Instrucción Pública el doctor Adolfo Altamirano, a quien dedicara los “Retratos” de su obra cimera Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y otros poemas (1905). El salario no era malo: 500 francos mensuales, 150 menos que el del diario La Nación, su principal y vitalicia fuente de ingresos durante su etapa europea o cosmopolita, es decir, desde 1889 hasta 1915.

En ese cargo, Rubén dependía del Ministro de Nicaragua en Francia, Crisanto Medina, según él: “antiguo diplomático de pocas luces, pero de mucho mundo y practicó en asuntos de su incumbencia”. Además, un hecho violento les distanciaba subterráneamente: el homicidio cometido por el padre de Medina en la persona de su abuelo materno, Ignacio Sarmiento, a la salida de una gallera en Chinandega.

Con todo, no fueron escasas las huellas de Rubén en el desempeño de su consulado parisino. Sólo aportaré un dato novedoso: según carta suya del 21 de marzo de 1904, Darío donó a la Biblioteca Nacional, en Managua, 104 volúmenes de su colección personal sobre temas diversos; remisión que Altamirano agradeció con fecha 18 de mayo del mismo año.

Delegado a la cuestión de límites entre Nicaragua y Honduras
En cuanto a su papel como delegado de Nicaragua —junto a José María Vargas Vila, cónsul de Nicaragua en Madrid— en la cuestión de límites sobre Nicaragua y Honduras, fue neutralizado por el jefe de la misión: el Ministro Medina. Mejor dicho, éste hizo lo imposible para anularlo, lo mismo que a Vargas Vila, quien atribuía la inquina de Medina al recelo y envidia que le inspiraba Darío por su capacidad intelectual y trascendencia literaria.

Sin embargo, Rubén hizo cuanto pudo en la misión encomendada, actuando conforme especial instrucción que el 7 de enero de 1906 le había remitido el canciller Altamirano: “Tanto el Presidente General Zelaya como el infrascrito, hemos dirigido varias instrucciones detalladas sobre el particular. Es preciso obtener la ayuda eficaz de los personajes influyentes de la Corte y a este fin la cooperación de usted nos interesa mucho por sus valiosas vinculaciones con los hombres prominentes de España. Sabemos aquí el aprecio muy especial en que se tiene a usted por su privilegiado talento y demás altas dotes que le distinguen”. Él y Vargas Vila tuvieron que ir a Palacio sin el ministro Medina, que había ido solo.

En la Conferencia Panamericana de Río de Janeiro (junio-agosto, 1906)
Más activa y brillante fue la participación de Darío como Secretario de la Delegación de Nicaragua a la Tercera Conferencia Panamericana que se celebraría en Río de Janeiro entre el 23 de julio y el 27 de agosto de 1906. Pero esta misión, al igual que la subsiguiente, merece mayores puntualizaciones en otro reportaje.

De momento, informaré que el poeta mostró un gran entusiasmo por la conferencia panamericana, hasta el punto de escribir su controvertida “Salutación al águila”. Pero resulta necesario estudiar a fondo esa experiencia, revisando su crónica publicada en La Nación el 28 de junio de 1906 y otros nuevos documentos al respecto.

Asimismo, diré que la inquina del ministro Medina aumentó cuando el 21 de diciembre de 1907, por influencias de sus amigos —el ministro de Hacienda Francisco Castro, el orador y político Manuel Maldonado y el Ministro de Relaciones Exteriores, José Dolores Gámez, entre otros— Zelaya aceptó acreditarlo como Ministro Residente en España. Rubén careció, pues, de plenipotencia, rango que intentó pedir sin eco alguno. Peor aún: no le llegaban a tiempo, ni suficientemente, sus salarios; de manera que, a principio de 1910, se vio obligado a dejar Madrid y residir en París.
FUENTE:EL NUEVO DIARIO. LIC.RENE DAVILA."

lunes, 18 de abril de 2011

EL "DESOLADO CANTO" EN LA VIDA DEL POETA LUIS ALBERTO CABRALES .

EL "DESOLADO CANTO" EN LA VIDA DEL POETA LUIS ALBERTO CABRALES .: "
Varios aspectos comunes podrían establecerse entre el nicaragüense Luis Alberto Cabrales (1901-1974) —uno de los fundadores del Movimiento de Vanguardia de su país— y el argentino universal Jorge Luis Borges (1899-1986). Ambos tuvieron una coetánea formación europea, participaron de la novedad y euforia vanguardistas en los años veinte y, tras algunos desengaños, comprendieron la esencia verbal del modernismo, valorándolo en su verdadera dimensión. Pero lo que deseo presentar ahora es la relación entre John Keats (1795-1821), Borges y la experiencia poética el “Desolado canto”, poema antológico de Cabrales.

En su ensayo “Una experiencia poética” [1964], éste aporta una explicación adversa a la aceptada por Jorge Luis Borges sobre el problema que plantea la última estrofa de la “Oda a un ruiseñor” de Keats: “Tú no has nacido para morir, ¡Oh pájaro inmortal! / no has tenido una generación que te pisoteara; / la voz que escucho esta noche precisa / ya fue oída por reyes y pastores hace siglos. / Quizá es el mismo canto que abrió una senda / hasta el desalentado corazón de Ruth, cuando nostálgica / prorrumpió en llanto en el trigal ajeno”.

Según Borges, esta estrofa opone a la fugacidad de la vida humana, por la que entiende la vida del individuo, la permanencia de la vida del pájaro, por la que entiende la vida de la especie. Y concluye: “el individuo es de algún modo la especia y el ruiseñor de Keats es también el ruiseñor de Ruth”. Pero la explicación del poeta nicaragüense es más profunda y procede de una experiencia poética personal: la del poema “Desolado Canto”, muy semejante a la última estrofa de la “Oda a un ruiseñor”.

Dice: Un gallo canta en el fondo de la noche: / lejano canta e íngrimo. / Cantó a Pedro en el Santo Evangelio / y en coros cantó al Cid / en la madrugada del Romancero. / Pasó Pedro, pasó el Cid, / ¡y yo he de pasar también, Dios mío! / Y sólo queda el canto de los gallos, / el desolado canto íngrimo.

Aquí se replantea el confrontación de Keats con el gallo en vez del ruiseñor: es decir, la siguiente fórmula: gallo-inmortal y hombre-mortal. Siempre el poeta oía el canto nocturno de los gallos y pensaba que, una vez muerto, continuarían cantando.

Expresar esta idea en algún poema cuya forma —tal como acostumbraba con todos los suyos— iba modelando lentamente, era lo que aspiraba. Por fin llega a escribirlo de día y lo publica en la revista de Managua El Gráfico, a pesar de que no lo considera logrado. Pasan los años y una noche de 1940, recordando algunos versos de su primer intento, lo relabora tal como aparece en Ópera Parva (1961), y cuyo texto transcribo, quedando satisfecho. Una vez que circula entre poetas y amigos, Carlos Martínez Rivas le revela que tiene mucha similitud con la estrofa del poema de Keats.

Al respecto, Cabrales advierte en el suyo que la fuerza motora que lo produce es el sentimiento de no querer desaparecer; Keats, en cambio, no sólo nunca tuvo miedo a la muerto, sino que la deseaba como todo poeta romántico: “Cuantas veces me he sentido enamorado de la muerte / Cuántos tiernos nombres le he dado en mis rimas / Y hoy más que nunca parece dulce el morir”, escribía, contrastando con el clamor entrañable —ante la idea de fallecer— de Cabrales: “Y yo he de pasar también, Dios mío”.

Otra diferencia entre ambos poemas es la fantasía del inglés y el realismo del hispano que subyace en Cabrales: “En efecto —escribe—, en el libro de Ruth no canta ruiseñor alguno, ni siquiera en página alguna de la Biblia. Tampoco hay lágrimas de Ruth sino agradecimiento y tranquilidad seguridad en la consecución de sus propósitos. Mientras que Pedro —en patéticos momentos de su vida— oyó realmente el canto del gallo, y también son reales de toda realidad los coros de los gallos que oye el Cid en el Romancero: ‘y en coros cantó al Cid / en la madrugada el Romancero’ Versos que tienen también doble resonancia poética, pues en la madrugada cantaron al héroe hispano y el Romancero es la madrugada de nuestra poesía”.

Para Cabrales, el hombre no es de ningún modo la especie. La solución la encuentra, tras reflexionar sobre el “Desolado Canto”, en algo que juzga realidad científica: “el ruiseñor —anota— pertenece a una especie zoológica, lo mismo que el gallo, y la especie es permanente, queda, no desaparece al morir un individuo inserto en ella. Mas el hombre es solamente individuo en cuanto es zoológico, porque el hombre es persona, y en cuanto a persona es inalienablemente único e irremplazable”. Y añade que cada hombre, en particular, es una especie en sí porque, al desaparecer, desaparece su especie real de la tierra. En otras palabras: participa de la cualidad del ser angélico: un ser y una especie en sí mismo. De ahí la angustia de la persona humana ante la muerte que es la separación entre lo que tiene de inmortal y lo que tiene de mortal. Y los poetas —desde los chinos y aztecas, pasando por Jorge Manrique y Ronsard, hasta Keats y el mismo Cabrales— han intuido hondamente esta realidad antológica.

La expresión intuitiva de esta realidad se produce ante la desaparición temporal de lo zoológico y surge en el “hombre carnal” de que habla San Pablo; nunca en el “hombre espiritual” que, por el contrario, se queja de no morir (como en el “Muero porque no muero” de Santa Teresa). Sólo el “carnal”, que es un angustiado y hasta duda de su inmortalidad, llega “a la paradoja de creer, o esperar o desear espiritualidad e inmortalidad en el animal”; creencia, espera o deseo que se limita a los animales cercanos al hombre, a los domésticos (no a los salvajes), como si su continua cercanía o su amistad con el hombre le traspasase de laguna forma esas dos inherentes cualidades humanas.

Por eso Cabrales, quien siempre fue un homo carnalis, experimenta y expresa su “Desolado Canto”, poema en el que se sustenta para desentrañar su explicación de la última estrofa de la “Oda a un ruiseñor” de Keats; explicación que cuestiona la sustentada por Borges y resume en el párrafo siguiente: “Así, pues, Keats y todos los otros poetas han cantado su queja intuyendo esta realidad: el hombre como persona es una especie en sí mismo; es decir: hay tantas especies como personas, así como hay tantas especies como seres angélicos, ya que el hombre es medianero entre el animal y el ángel, lo que le da apariencia de mortalidad definitiva mientras el animal, que sí se repite, adquiere por ese hecho, apariencia de inmortalidad”.

Resta destacar la calidad del texto poético de Cabrales que es, al mismo tiempo, uno de los más perdurables de la poesía hispanoamericana contemporánea. No solamente está fuera del tiempo, que nunca podrá modificarlo, sino que su comunicación tiende a ser captada de inmediato en todo ser humano del presente y del futuro. Podrá, entonces, hacerlo suyo y vivirlo cualquiera, tanto como el poeta Cabrales que —por la gracia de la poesía— pudo comunicar la existencial angustia de su mortalidad."

Ventana de informacion sobre la conservación del medio ambiente.

sábado, 9 de abril de 2011

EL AMOR CONTINUO EN LA POESÍA DE DAYSI ZAMORA.



EL AMOR CONTINUO EN LA POESÍA DE DAYSI ZAMORA.: "
Esta inesperada redondez
este perder mi cintura de ánfora
y hacerme tinaja,
es regresar al barro, al sol, al aguacero
y entender cómo germina la semilla
en la humedad caliente de mi tierra.
Daisy Zamora


Poeta y ensayista. Nació en Managua en 1950. Publicó su primer poemario en La Prensa Literaria del 3 de septiembre de 1967. En 1972 reveló su calidad en el Concurso “Mariano Fiallos Gil” con sus “Dieciocho poemas de amor y de la muerte”. Se graduó en Psicología y Psicopedagogía en la Universidad Centroamericana, realizó estudios de pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes en León.

En 1977 obtuvo el citado premio “Mariano Fiallos Gil”. Participó en la insurrección popular de septiembre, 1978, y fue responsable de programación en la clandestina “Radio Sandino” durante los meses previos al 19 de julio de 1979. Durante varios años se desempeñó como Vice-Ministra de Cultura. Sus libros han sido editados en inglés bajo los títulos Clean Slate, (1993) Riverbed of memory, Life for each y The violent foam (2002). Fuente: Dariana.com

A los ocho años empezó a escribir poemas. En 1962 cuando cursaba el 6to. grado de primaria en el Colegio Teresiano de Managua, Nicaragua, la revista escolar Jesús Maestro editada en España y distribuida en los colegios de la congregación, premió y publicó su texto: “La Leyenda de la Virgen del Hato”. En el 4to. año de secundaria fue co fundadora del periódico cultural, El Heraldo, donde publicó varios textos literarios breves. En ese período estudió cursos de inglés, italiano y francés. En 1967, publicó su primer poema en La Prensa Literaria, suplemento cultural del diario La Prensa, que dirigía el poeta nicaragüense Pablo Antonio Cuadra.

Obtuvo una licenciatura en Ciencias de la Educación con especialidad en Psicopedagogía (1971), y en 1978, otra licenciatura en Psicología por la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua, Nicaragua. Realizó estudios de pintura y dibujo en la Escuela Nacional de Bellas Artes de León, Nicaragua (1972-74). En 1992-93 estudió un postgrado en Fortalecimiento Gerencial en INCAE (Instituto Centro Americano de Administración de Empresas, afiliado a la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard) becada por esa misma institución.

De 1972 a 1974, enseñó Inglés y Literatura Española e Hispanoamericana en la Escuela Modelo ISA, centro de estudios de primaria y secundaria del ingenio de azúcar San Antonio, en el Departamento de Chinandega, Nicaragua. En 1975, fue fundadora y co-directora de la galería de arte Agateyte en la ciudad de Chinandega. En 1976, fue Directora Ejecutiva de la galería de arte CIAC (Centro de Investigaciones y Actividades Culturales), y traductora de documentos históricos del inglés y francés al español, para la Revista del Pensamiento Centroamericano en Managua. En 1974 se integró al FSLN (Frente Sandinista de Liberación Nacional) y desde entonces se involucró en diversas actividades políticas.

Entre 1977 y 1978, cumplió su servicio social de la carrera de psicología trabajando como terapeuta en la clínica infantil del Hospital Psiquiátrico de Managua; en la sección de pediatría de la Clínica San Lucas de Rehabilitación de Alcohólicos y en el Consultorio Popular de la Universidad Centroamericana (UCA). En estos años siguió publicando poemas en La Prensa Literaria, y en revistas universitarias.
Premio: En Octubre de 1977 obtuvo el Premio Nacional de Poesía “Mariano Fiallos Gil” de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, otorgado a su poemario Sendario.
En 1978 participó en varias acciones organizadas por el FSLN y en los combates de la guerra de liberación de Nicaragua saliendo al exilio a finales de ese año. Residió en Honduras, Panamá, y finalmente en Costa Rica siendo responsable entre otras tareas de participar en la organización de un hospital clandestino para los heridos del Frente Sur y dirigir la programación de la clandestina Radio Sandino, en la que también trabajó como locutora y controlista hasta el final de la lucha revolucionaria.

Con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en Julio de 1979, regresó a Nicaragua y fue nombrada Vice-Ministra de Cultura del Gobierno de Reconstrucción Nacional, cargo que ocupó hasta Octubre de 1982. El ministro de Cultura, Poeta Ernesto Cardenal y un pequeño equipo de personas, tuvieron la tarea de crear el Ministerio de Cultura, que concibieron en los primeros días del triunfo revolucionario. En 1980, a propuesta suya, se crearon empresas culturales adscritas a dicho Ministerio de promoción de artistas. En Mayo de 1981, publicó su primer poemario: La Violenta Espuma, en la Colección Popular de Literatura Nicaragüense del Ministerio de Cultura, con 3 ediciones adicionales: mayo y septiembre de 1981 y febrero de 1982. En 1982 editó: Hacia una Política Cultural de la Revolución Popular Sandinista, compilación de ensayos escritos por varios autores, publicado por el Ministerio de Cultura ese mismo año.

Entre 1980 y 1982, recorrió distintos países en delegaciones oficiales del Gobierno de Nicaragua, y también se desempeñó como: representante de Nicaragua ante el Programa Intergubernamental para el Desarrollo de las Comunicaciones (PIDC) de UNESCO, con sede en París, Francia; representante de Nicaragua en el sector Cultura para la firma de convenios de cooperación cultural, y delegada oficial por Nicaragua ante la reunión sobre Políticas Culturales y Educativas de los países no alineados, auspiciada por UNESCO en La Habana, Cuba en 1982.

De Noviembre de 1982 hasta el final de la década, ocupó los siguientes cargos: Asesora de la Dirección Nacional de FSLN en asuntos culturales y religiosos; Jefa de la Sección Norteamérica en la Dirección de Relaciones Internacionales (DRI) del FSLN, y posteriormente, Directora Ejecutiva del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (INIES); fue miembro del Consejo Editorial y del Consejo de Redacción de la revista Pensamiento Propio publicada por INIES, y miembro del Consejo Editorial de la revista Nicaráuac del Ministerio de Cultura. También tuvo a su cargo el segmento literario Entre Libros, presentado semanalmente por la televisión nacional, y fue miembro del Consejo Directivo de ECOTEXTURA, organismo no-gubernamental para el desarrollo de tecnologías apropiadas en Nicaragua. Participó en numerosas conferencias, recitales de poesía y festivales artísticos, y sus poemas eran publicados regularmente en suplementos literarios, revistas y antologías de poesía en Nicaragua y otros países. En Julio de 1988, la Editorial Nueva Nicaragua publicó su segundo libro de poesía: En Limpio se escribe la Vida, en la colección Letras de Nicaragua. Para entonces, se desempeñaba como presidenta del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) por un período de dos años.

En los años de 1990 a 1995, fue catedrática en la Escuela de Arte y Letras, y en la Escuela de Periodismo de la Universidad Centroamericana (UCA) en Managua y docente en el Centro Intereclesial de Estudios Ecuménicos, Teológicos y Sociales (CIEETS), y realizaba trabajo voluntario como presidenta del Consejo Directivo del Hospital de la Mujer Bertha Calderón. En 1990, el poeta norteamericano Allen Gingsberg la invitó al Congreso Panamericano de Literatura organizado por la Universidad de Naropa, en Boulder, Colorado, Estados Unidos. En 1992, el poeta Lawrence Ferlighetti publicó en la editorial City Lights de San Francisco, California, Estados Unidos, una edición bilingüe de sus poemas: Riverbed of Memory, que ha tenido tres reimpresiones.

Ese mismo año, editó "La Mujer Nicaragüense en la Poesía", la primera antología que recoge los aportes de las poetas a la literatura nicaragüense, publicada por Editorial Nueva Nicaragua con patrocinio de Unicef. Premio: En Junio de 1992, el Nuevo Amanecer Cultural, suplemento literario de El Nuevo Diario en Nicaragua, le otorgó un diploma de honor por sus aportes en el campo de la cultura y su permananente colaboración literaria al suplemento. En 1993 la editorial Curbstone Press de Willimantic, Connecticut, publicó un libro bilingüe de su poesía: Clean Slate, que ha tenido cuatro reimpresiones. En Mayo de 1994 la Editorial Vanguardia publicó en Nicaragua su tercer libro de poemas: A Cada Quién la Vida. El mismo año, la Editorial Katabasis publicó en Londres, Inglaterra, una selección de sus poemas reunidos bajo el título: Life for Each, en edición bilingüe. En 1995 el productor y periodista norteamericano Bill Moyers la invitó a su programa televisivo, y fue presentada en la serie documental The Language of Life with Bill Moyers, que se transmitió por el sistema nacional de televisión (PBS) de los Estados Unidos. En estos años también participó activamente en la fundación y organización de la Coalición Nacional de Mujeres de Nicaragua.

De 1996 a 1997 trabajó como directora y editora de la revista de Ciencias Sociales, Pensamiento Propio, Segunda Época, edición bilingüe español/inglés. En Septiembre de 1997 se trasladó a los Estados Unidos de Norteamérica, y actualmente reside parte del año en Managua, Nicaragua, y también en San Francisco, California. Enseña Historia de la Cultura de Centroamérica y Talleres de Poesía en la Universidad de California, Santa Cruz, e imparte Talleres de Poesía en cursos de verano en la Universidad de Massachusetts, en Boston, y en la Universidad de Naropa, en Boulder, Colorado. En Nicaragua fue nombrada ciudadana notable de Managua por la Comisión de Ciudadanos para el año 2000 y el Instituto Cultural Rubén Darío. Es miembro del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE) donde pertenece al Consejo Editorial de su revista; es miembro del Comité Permanente de Intelectuales por la Soberanía de los Pueblos de Nuestra América, y del Congreso de Escritores Centroamericanos. Premio: En Enero de 2002, el Centro Nicaragüense de Escritores, le otorgó una placa de reconocimiento por sus aportes a la literatura nicaragüense.

En 2002, Curbstone Press publicó una edición bilingüe de sus poemas: The Violent Foam: New and Selected Poems, traducido por su esposo George Evans, escritor y poeta norteamericano. En Mayo de este mismo año, fue seleccionada por el California Arts Council y premiada con una beca literaria en la rama de poesía. En Managua, Nicaragua, la Editorial Anamá publicó en febrero de 2005, Fiel al Corazón, poemas de amor. Integra la Junta Directiva de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (ANIDE)período 2007-2009. LIC:RENE DAVILA. 08040011"

lunes, 28 de marzo de 2011

FERNANDO SILVA CUENTISTA POR NATURALEZA.

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FERNANDO SILVA CUENTISTA POR NATURALEZA.:
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EL COMANDANTE
El Comandante es un viejo alto que sólo vive
fumando.
El puerto es muy triste y los guardias se van
a pescar.
Al mediodía el Comandante se cruza la calle
para ir al excusado
y allí se tarda bastante.
Después
sale amarrándose la faja
y se queda mirando la larga y asoleada calle,
sube luego las graditas de su casa
y se acuesta a dormir en una hamaca.
Allá, se levanta y ve irse
los botes mientras se desabotona la camisa
y se rasca.
Pero la tarde no deja de tener algo bonito.
El sol como un pájaro entre los palos,
que sale volando
cuando se los pone canta por ultima vez.

Fernando Silva, el poeta y narrador, el niño que remaba y hacía mandados en un barco sobre el río San Juan, hoy tiene 80 años. Habla de su familia, su relación con su padre, los misterios que guardan los poemas que escribe, su visión del nicaragüense.

Nació en Granada y a los siete años se quedo huérfano de madre, esto le provocó un enorme vacío que años después sólo la naturaleza pudo llenar en él.

Es pediatra de largo y recocido prestigio, fundador del pabellón de los servicios de leucemia y cáncer en el Hospital del Niño, ex diputado, ex magistrado del Consejo Supremo Electoral, Miembro de Número de la Academia Nicaragüense de la Lengua, pintor y retratista del lenguaje popular que con mucho orgullo llama “el lenguaje del pueblo de donde yo vengo”.

Su padre fue un militar, ¿cómo influyó esto en su vida de poeta?

Mis dos últimos libros La Foto de Familia, que es una novela y Uno Dice Cosas, aparecido este año, que es poesía, en ellos retrato cómo era mi familia, el significado que tiene para mí. Es como mirar una foto tomada por otro, así me expreso y los retrato en el libro y platico con ellos.

Mi madre muere cuando tengo seis años, fue una cosa horrible, me quedé con unas tías, mi padre no sabía qué hacer, él trabajaba en unas lanchas en el Lago de Granada y bueno mi papá, me llevó con él (Francisco Silva Guerrero), y comenzó a mandar en el río San Juan.

¿La novela es autobiográfica?

No tanto, sólo cuento lo que me acuerdo, lo que viví. Lo que trato de proyectar no soy yo sino el nicaragüense que sufre penalidades, las historias de su madre, su padre, cómo se enamora y cómo ha sufrido, cómo fue desarrollándose en la vida y encontramos cosas curiosas.

El río San Juan

¿Qué paso cuando llegó al río San Juan?

Me maravillé, mis ojos van descubriendo aquel río y veo mi vida abriéndose a lo nuevo. Veo a ese niño con ese enorme vacío por su madre muerta, con esa orfandad que lo inunda, empieza a descubrir un amor por la naturaleza que lo acompaña y le llena ese enorme vacío.

¿Cómo fue su relación con su padre en esa etapa?

Mi padre me da toda la libertad y en el río soy un botero que trabajo haciendo mandados, llegué a ser hasta timonel de una lancha de pasajeros El Juanita.

A la edad de 16 años, regreso a la civilización y empiezo mis estudios de universidad y mi internado en México. Pero con mi padre la cosa siempre anduvo bien, él me facilitó toda la libertad que debía tener y que puede escoger.

En su libro Uno Dice Cosas, ¿qué quiere expresar?

Es la colección de mis últimas poesías. Escribo llevando la imagen que es la que me da la vida y la que me dice las palabras que es la poesía y la poesía habla en mí.

¿Fue feliz en el río San Juan?

Sí, fueron años maravillosos. Salía en la madrugada y tenía mi propio bote, sacaba los mejores pescados, preparaba el anzuelo y la carnada y me sentaba a pescar, esperaba y ahí estaba el misterio que es el tiempo que estás solo con la naturaleza y es el momento en que te ponés a pensar hasta que te pique la poesía, es como la culminación del arte, que es como una gota que lo va llenando todo que es el arte.

¿Qué aprendió del río y la naturaleza?

Indudablemente que el conocimiento tiene una forma dentro de un camino del aprendizaje y del camino de la humanidad, cada vez que te unís a la naturaleza lo que te engrandece es tu humanidad.

Nosotros somos humanidad, somos como árboles, tenemos piel como la cáscara de un árbol, damos frutos, damos flores, la sonrisa de una mujer es como una flor, la gracia de una mujer es como una bella planta.

Lo que aprendí esos años fue humanidad y me sirvió para mi profesión de médico y especialista en niños, requiere una dosis de humanidad que es el llegar a comprender mejor al ser humano en el dolor.

José Coronel, el maestro

¿Cuál fue su relación con José Coronel Urtecho estando en el río?

Lo conocí en Granada. Cuando estaba en el Instituto, publicábamos una revista que se llama Matinal, entonces leyó uno de mis poemas y me mandó a llamar, le llevé mis originales de Barro en la Sangre y entonces lo leyó y en ese momento, muy alegre, me dijo que era lo más interesante que había leído en Nicaragua, mandó a llamar a Pablo Antonio Cuadra y a Francisco Pérez Estrada. Fue así cómo me hice amigo de él, era como mi papá, me mantenía en su casa o si no lo iba a ver, tendría yo unos 19 años entonces y era como el chavalo de aquel grupo.

¿Qué fue lo que le enseñó Coronel?

Su conversación era lo que él daba de sus conocimientos, de sus lecturas, de su cariño. Era una conversación tan fluida, tan hermosa, tan linda, sin ningún artificio. Él sabía mucho y nosotros como jóvenes lo escuchábamos, él por supuesto, era nuestro guía necesario sobre lecturas, poesía y autores que desconocíamos.

El oficio

Con muchos años en el oficio de escritor ¿cómo ve su poesía?

Fuera de modestia, me veo bien, no me veo orgulloso porque en mí no alcanza eso, porque soy un hombre que me conozco bien en mis debilidades y defectos pero sí me deja contento, como cuando uno hace una cosa bien.

Un poema lo meto al horno y después le doy su retocadita y lo compongo. Mi autocrítica es como si fuera de otro, claro, con cariño, a mí me llena de alegría un poema, un ensayo de alguien. Yo nunca he tenido envidia con nadie.

¿Cómo llega a la poesía?

Estando en el río, observaba un árbol y escribí, “Un hueco en un árbol, a un lado se pega el ojo y al otro lado se pega el río” y fue lo primero que escribí, estudiaba en el Instituto Nacional de Oriente, y empecé a relacionarme con Pablo Antonio Cuadra. Con mi primer libro de poemas en 1952, que es Barro en la Sangre, ahí comienzo realmente mi carrera de escritor. Después vinieron El Comandante, que es mi vida en el río, El Vecindario, y mis estudios lingüísticos que para mí es propicio porque hablo esa lengua, y eso me ha servido mucho en medicina para comprender el habla del pueblo.

Lo nicaragüense

¿En su escritura persiste en retratar al nicaragüense?

Las personas que he tratado me interesan en sus ambientes. Saber cómo vive una planchadora, un carretonero, un oficinista, qué le preocupa, de manera que cuando yo escribo retrato a las personas con una gran sinceridad.

¿Qué opina de las definiciones que PAC hace sobre el nicaragüense?

Hay dos mentes, PAC no fue hombre de la calle, pertenecía a otra clases social, tenía otra crianza y era de otra manera, él conocía a la gente que llegaba y se paraba en su puerta, los veía pasar. PAC habla de él viéndolo, pero esa autenticidad viene del que la ha vivido. Porque vos sabés que la experiencia de la vida es lo que da la experiencia del arte y de la creación.

Sus cuentos están hablando del “populacho” de la cuartería. ¿Por qué?

Esta es parte de la realidad que vive el país y mucha gente no la conoce. Es una realidad como si sólo la vieras en una película o leída en un libro de cuentos como los míos, pero es más que eso, es la vida, y mucha gente vive con esa realidad, pobre, planchando, lavando, buscando la vida.

¿Ha estudiado el lenguaje popular para llevarlo a su narrativa?

No sólo eso, lo he vivido porque vengo del pueblo. Soy el pueblo, lo conozco desde muy dentro, conozco como habla, y esa habla también es heredada de los indios que son como la semilla, de ahí inicia todo.

¿Cree vital el estudio de la lengua nicaragüense?

Sí. Ahí está todo para entendernos mejor. Hice un pequeño dicccionario analítico de la lengua en Nicaragua, ahí vas a encontrar referencias de los significados de nuestra lengua, por ejemplo, encontrás la palabra “chueco”, que en origen quechua significa deforme, derrengado, lo mismo que “churruco”, que en quechua significa salvaje, feo peludo, palabras que están incorporadas a nuestra habla diaria y que no sabemos en la mayoría de los casos su procedencia.

El güegüense (con “c”)

Usted es un defensor de escribir El Güegüense con “c”. ¿Por qué?

Ese Güegüense que representan no es el que está escrito, porque lo cambian. El verdadero Güegüense es el que está escrito por don Juan Eligio de la Rocha, y ocultan su escritura original, está escrito en lengua franca que era lengua de los indios.

¿Por qué lo ocultan?

No lo reconocen porque es El Güegüense vulgar, escrito en lengua franca, que es la lengua náhuatl y que nos enseña cosas como, por ejemplo, dice: “Matateco disjomispiela”, matate es motetet y matal significa descubrir, o sea que le descubrieron el motete y Britton lo pone como quitarse el sombrero para saludar y no lo es sino es descubrirse el motete para que enseñe lo que tiene ahí y vulgarmente es “enseñame los güevos para andar jodiendo a los indios”, esa es la verdadera traducción. Entonces se oculta al verdadero. En el caso de la “c”, está así originalmente escrito y no se respeta.

Obra literaria
Poesía

Barro en la Sangre (952)

Agua Arriba (1968)

Otros poemas. Antología 1965-1977 (1962)

Poema Concreto: El Chocorrón, en grabación (Febrero, 1973)

Cuidado de la Criatura (1978)

Sangre en el Barro 1979-1981 (1982)

Cartas Desde la Revolución (1981)

Poesía. Antología 1952-1981 (1981)

Novela

ElComandante (ediciones 1969, 1974, 1975, 1978, 1983)

El Vecindario (1977)

Cuento

De Tierra y Agua (primera edición 1965, séptima y última 1995)

4 Cuentos (1969)

Más Cuentos (1969)

Ahora son 5 Cuentos (1974)

Puertos y Cuentos (1987)

Cuentos: Antología (primera edición; 1985, segunda 1986)
El Caballo y Otros Cuentos (1996). LIC:RENE DAVILA."

jueves, 24 de marzo de 2011

EL INSURRECTO ORATE DE CARLOS MARTINEZ RIVAS.

EL INSURRECTO ORATE DE CARLOS MARTINEZ RIVAS.: "

Hogar
con luz roja


Los escalones de madera, inseguros
para el extranjero en la oscurana, son
fácil camino para el hijo.
Alrededor de la mesa, congregada
juega a las cartas la familia; las fichas
chocan en el centro del tapete en donde
cae la luz. Discreta zumba la radio.
Porque es pacífico este hogar, temeroso,
y sólo al amor consagrado.
Llega el hijo y los hermanos del hijo
y las hermanas de los hijos acuden
a la llamada del timbre, y esperan
dichosas, con agitado pecho, en medio
del saloncito de mobiliario eterno:
los cojines color naranja y el cromo
con la góndola de Cleopatra en el Nilo.

CARLOS MARTINEZ RIVAS.

Poeta nicaragüense, nacido en Puerto de Ocoz (Guatemala) el 12 de octubre de 1924 (donde sus padres, de familia acomodada, estaban de viaje). Desde muy temprana edad se reveló como gran poeta: a los dieciséis años ganó un concurso nacional con una poesía novedosa y original, que a muchos pareció muy semejante a la de Rubén Darío. A los dieciocho, estando aún estudiando bachillerato en el Colegio Centro-América (de los jesuitas) en Granada (Nicaragua), escribió su extenso poema El paraíso recobrado (publicado por los «Cuadernos del Taller San Lucas» en 1944) que ha sido considerado uno de los eventos importantes en la historia de la poesía nicaragüense y que ha influido mucho. Después de su bachillerato residió varios años en Madrid, donde prosiguió sus estudios (asistió en junio y julio de 1946, como invitado y «estudiante de Filosofía y Letras y Periodismo», al XIX Congreso Mundial de Pax Romana, celebrado en Salamanca y El Escorial). Dicen sus biógrafos que en España se aficionó al alcohol y a la noche. En 1947 publicó en la revista Alférez, en la que coincidió con los también nicaragüenses Julio Ycaza Tigerino y Pablo Antonio Cuadra, dos artículos: «Nuestra juventud» y «A propósito de un premio de poesía» (José Hierro, Alegría, Premio Adonáis de Poesía 1947). En 1953 publicó en Méjico su libro de poemas más importante: La insurrección solitaria (reeditada en 1973 y 1982), resistiéndose a partir de este momento prácticamente a seguir publicando. Trabajó para el servicio diplomático de su país, y vivió en París, Los Angeles, de nuevo en Madrid (hasta los primeros años setenta), San José de Costa Rica y desde el triunfo sandinista de nuevo en Managua. En 1985 ganó el premio «Rubén Darío». Tuvo a su cargo una «cátedra» en la Universidad Nacional Autónoma, recinto de Managua. Su poesía completa fue editada en 1997 en Madrid, con un prólogo de Luis Antonio de Villena, donde se presenta a Martínez Rivas cultísimo, noctámbulo y a menudo ebrio. Unos meses antes de morir, aislado y enfrentado con su familia, que nunca lo asistió en sus días de bohemia ni en las sucesivas enfermedades que lo aquejaron, nombró al Gobierno de la República de Nicaragua albacea de sus papeles literarios, y pidió ser enterrado en Granada (Nicaragua). Su fallecimiento en Managua, el 16 de junio de 1998, supuso una gran conmoción en todo Nicaragua, donde se le considera como uno de sus personajes más ilustres. LIC:RENE DAVILA"

ERNESTO MEJIA SANCHEZ EL MAESTRO PARADIGMATICO.

ERNESTO MEJIA SANCHEZ EL MAESTRO PARADIGMATICO.: "


LA POESIA.
1
Este desasosiego, esta palabra que desde el corazón
me llega y se detiene en mis labios, no es nuevo en mí,
sino que permanece, vive desde cuando mis padres
en amorosa lucha concretaron la carne de la muerte
para darme al mundo; y me crece como un mar en el pecho,
siempre cambiente, furioso y sin consuelo.

Ha de llegar un día en que tanto afán madure
y se desangre, y esa ignorada palabra detenida
en mis labios rompa el aire como un canto y
me haga feliz y duradero el nombre.

4
Si la azucena es vil en su pureza
y oculta la virtud del asesino,
si el veneno sutil es el camino
para lograr exacta la belleza;

Engaño pues mi amor con la nobleza
y confundo lo ruin con lo divino,
hago de la cordura desatino,
de la sola mentira mi certeza.

Nadie sale triunfante en la batalla,
ni angélica promesa en que me escudo
ni humana condición que me amuralla.

Contra toda verdad he de quererte,
equilibrio infernal. Nací desnudo:
sólo contigo venceré a la muerte.

En el número 34 (octubre, 2009) de la revista Lengua, Julio Valle-Castillo rinde un compacto y completo homenaje a su maestro paradigmático: “Ernesto Mejía Sánchez, crítico de Rubén Darío”, fallecido hace 25 años. “Reinaremos en el olvido”, aseguraba Mejía Sánchez; pero sus más próximos discípulos nunca creímos que, en su caso personal, ese reino adviniese tan pronto. Ni su poesía ni su prosa se han difundido como merecen ni han recibido estudios ni reconocimientos críticos. Ni siquiera su producción dariísta, ya compilada por Valle-Castillo, ha visto luz.

De ahí que evoque su amistad y vida, creación y erudición: los cuatro aspectos del ser humano que fue Ernesto Mejía Sánchez (Masaya, Nicaragua, 6 de julio, 1923-Mérida, Yucatán, 29 de octubre, 1985): uno de los mayores poetas mallarmeanos (en la línea de Stephane Mallarmé) de Hispanoamérica y quizá el hombre de letras más completo de Nicaragua. El único, al menos, que en la segunda mitad del siglo XX alcanzó un nivel transoceánico como crítico e investigador literario. Sin lograr obras de síntesis como Pedro Henríquez Ureña, dejó una extensa y dispersa producción erudita que abarca más de cien títulos, entre libros, folletos, sobretiros, antologías y ediciones de y sobre epígonos de la poesía, la narrativa y el pensamiento en lengua española.

Sin ánimo de llenar varios párrafos de nombres, enumero los autores a quienes entregó sus principales afanes y desvelos: Bartolomé de las Casas, Gaspar Pérez de Villagrá, el Príncipe de Esquilache (Francisco de Borja), Juan Francisco de Páramo y Cepeda, Marcelino Menéndez Pelayo, Miguel de Unamuno y Azorín, por citar siete españoles. Luego, a los hispanoamericanos —comenzando por los mexicanos— Servando Teresa de Mier, Carlos María de Bustamante, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, Luis G. Urbina, Julio Torri y Alfonso de Reyes, cuyas Obras completas tuvo a su cargo desde el volumen XIII; a los sudamericanos Andrés Bello, Juan Montalvo, Domingo Faustino Sarmiento, Rufino Blanco Fombona, Rómulo Gallegos; y a los centroamericanos Rubén Darío y Salomón de la Selva. Finalmente, a los antillanos José Martí, Eugenio María Hostos, Pedro Henríquez Ureña y José Luis González.

De todas estas veinticinco figuras capitales, a quienes dedicó acuciosas indagaciones, Darío, Reyes y Martí, despertaron su mayor interés. Mejía Sánchez fue el más sabio dariísta de su tiempo, como dan fe las ediciones que preparó de los Cuentos completos en 1950 y de las Poesías en 1952 y 1977 de Darío, los fundamentales estudios recogidos en Cuestiones rubendarianas (1970) y varias investigaciones: desde la primera y desconocida “Darío, Maeztu y la Hispanidad”, (Anhelos, núm. IX, marzo, 1941), pasando por “Darío y Acuña” (La Prensa, Managua, 18 de agosto, 1949), hasta las reveladores puntualizaciones de Hércules y Onfalia (México, 1964) y Las revelaciones literarias (Revista Iberoamericana, núm. 62, 1966).

Por su lado, sobre Reyes escribió centenares de páginas, entre otras las de sus trabajos La vida en la obra de Alfonso Reyes (1961 y 1966), “Rubén Darío y los Reyes” (Revista Conservadora del Pensamiento Centroamericano, núm. 47, abril, 1963), “El orden en los papeles”, (Nuestra década, 1964), Más sobre Unamuno y Reyes (1964), Rubén Darío y Alfonso Reyes (1966), “Menéndez Pidal y Alfonso Reyes” (Anuario de Letras, UNAM, 1968-1969) y Los amigos de Alfonso Reyes (1971). En cuanto a Martí, Mejía Sánchez ha referido su devoción al mismo en el prólogo a una compilación crítica de las correspondencias norteamericanas del apóstol cubano que editó dos veces: José Martí en el Partido Liberal, (1886-1892). Tal devoción la concretó, por ejemplo, en un cursillo de 1957, en la dirección de una tesis en 1958, en unas páginas de su “Biblioteca Americana” (1959), en dos seminarios —uno de 1960 y otro de 1972— y en su asistencia al Coloquio Internacional de Burdeos el último año referido. La tradujo, además, en tres ensayos: “José Martí” (Cuadernos Universitarios, León, núm. 17, 1961), “Los últimos días de José Martí (Humanitas, Monterrey, núm. 4, 1963) y “Martí y Darío ven el baile español” (Filosofía y Letras, UNAM, núm. 3, 1977).

Pero también autores de otras lenguas y literaturas, como la francesa y la inglesa, tuvieron en Mejía Sánchez un apasionado, fehaciente erudito. Dos de ellos, al respecto, fueron Juan Jacobo Rousseau y George Santayana. Sobre el primero sistematizó una interpretación teórica: “El pensamiento literario de Rousseau” (incluida en la obra colectiva Presencia de Rousseau en México¸ México, UNAM, 1962); y sobre el segundo una valoración interesante. Octavio Paz elogió el ensayo sobre el enciclopedista francés en su Corriente alterna (México, Siglo veintiuno, 1967, pp. 64-66): “Mejía Sánchez analiza con gran erudición e inteligencia un texto muy poco conocido del primero (Rousseau) y en el cual no es ilegítimo ver una suerte de prefiguración de la concepción surrealista del lenguaje. Se trata del Essai sur l’origine des langues. Confieso que yo no lo conocía e ignoro si (Andrés) Breton lo leyó alguna vez. Me inclino por la negativa (…) Breton creía que el lenguaje funda a la sociedad y no a la inversa; Mejía Sánchez señala que para Rousseau “hay un pacto lingüístico anterior al pacto social…”

Sin embargo, no bastan estas líneas para dar una idea bastante aproximada de la erudición y del repertorio bibliográfico de Mejía Sánchez. Habría que deslindar en él ocho etapas vitales para comprender su vocación y carrera literarias. La de su Infancia y adolescencia (1923-1940, hasta los 17 años); Los años formativos (1941-1951, hasta los 28), primero en Nicaragua como poeta y luego académicamente en México (de enero, 1944, a julio, 1951) hasta graduarse; La experiencia europea (1951-1953) sobre todo española, durante la cual realizó pesquisas documentales que posteriormente aprovecharía; Intermezzo nicaragüense (1954-1955) e imposibilidad de adaptarse al medio; Realizaciones y primera madurez (1966-1972): en USA (Tulane, Nebraska, Nueva York) y México (de los 43 a los 49); años también de realizaciones y madurez creadora que culminaron con la publicación en Madrid de Cuestiones rubendarianas (1970), el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (1971) y la edición de su casi toda su producción poemática en Recolección a mediodía (1972); Años de crisis familiar y radical agnosticismo (1973-1978, de los 50 a los 58); y La intensificación declinante de su crisis (1979-1985, de los 59 a los 62), por la emergencia de una enfermedad mortal: fibrosis intersticial difusa (Pasman Rich) en 1979.

Como se ve, hubo ocho Mejía Sánchez bien definidos de los cuales tuve la fortuna de conocer a los tres últimos, aunque el pre-mortem me haya deparado alguna decepción perdonable. Lo cierto es que los Mejía Sánchez mejor asimilados intelectualmente por mí, fueron el quinto y el sexto, o sea el de las etapas culminantes de su carrera. Son los Mejía Sánchez que guardo con gratitud, pues el hombre desde que me lo presentó Enrique Fernández Morales en su casa-museo (Granada, 26 de diciembre de 1965), se preocupó por mi destino literario y me heredó algunos de sus papeles y folletos nacionales, enseñándome a honrar los valores culturales y a practicar una generosidad bibliográfica oportuna, entre otros bienes perdurables.

Esta vez quiero dejar constancia de su amistad, transcribiendo tres de las doce dedicatorias que me obsequió y aún conservo con sus títulos respectivos: “A Jorge Eduardo Arellano —decía la primera—, en memoria de nuestras arduas sesiones bibliográficas. Afectuosamente, Ernesto Mejía Sánchez. Granada, feb. 1966”, estampada en un ejemplar de La poesía contemporánea en Centro América, ponencia leída en las Primeras Jornadas de Lengua y Literaria Hispanoamericanas, celebradas en Salamanca, 1953. La segunda fue trazada en el primer ejemplar de Estelas / homenajes, y en ella reconoce al gran amigo “que me permitió recoger estos fragmentos, —con la gratitud de su afectísimo, Ernesto Mejía Sánchez—, ya casi 16 de enero de 1971”. Y la tercera figura en su folleto Literatura y sociedad puertorriqueñas (1977) y dice “A Jorge Eduardo, gran amigo, colaborador y sucesor de todo lo bueno que quise hacer”.

La etapa de su infancia y adolescencia quedó trasfundida en sus textos autobiográficos (poemas y prosemas), que no son pocos. La formativa de Nicaragua puede rastrearse en El Sembrador y en Anhelos, publicaciones periódicas católicas de Masaya (la segunda, dirigida por él, constó de nueve números: de julio, 1940 a abril, 1941), como también en el primero Cuaderno del Taller San Lucas (octubre, 1942).

La etapa de México, entre 1944 y 1951, entrañó su formación académica y americana. Guiado por el polígrafo Rafael Heliodoro Valle, hombre cordial y práctico, Mejía Sánchez tuvo de maestros insustituibles al español Agustín Millares Carlos —notable bibliógrafo—, a ese coloso del saber literario y universal que fue Alfonso Reyes y al agudo crítico argentino Raimundo Lida. En dicha etapa no sólo escribió la tesis de maestría Los primeros cuentos de Rubén Darío (1951), sino también sus primeros títulos en verso: Ensalmos y conjuros (1947), La carne contigua (1948), El retorno (1950) y La impureza (1951). De este año a 1953 data su estadía en Europa: Francia, Italia, España. Allí, bajo la orientación de Antonio Rodríguez Moñino, completó su erudición en letras españolas, hizo activa vida literaria desde la Residencia del Mayor Guadalupe en Madrid y su poesía encontró afinidad espiritual e iluminada fecundación en la del catalán Carlos Riba.

En fin, de 31 años regresó a Nicaragua para administrar una empresa cuasi-familiar: la Imprenta Granada; pero, aunque el 26 de junio de 1955 ingresaría en la Academia Nicaragüense de la Lengua, no pudo desplegar libremente sus talentos (las condiciones objetivas se lo impidieron) y tuvo que marcharse a México, país donde se arraigó para siempre y fue algo- más que su segunda patria. LIC:RENE DAVILA.



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